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domingo, 1 de septiembre de 2013

- Cuentitos para la tarde 4 -

LETRAS Y YO.

"El estaba loco y solitario...."
Sacó la hoja del rodillo de la máquina de escribir, e insertó una nueva.
"El estaba loco, pero enamorado...."
De nuevo, sacó la hoja y colocó una nueva.
"El estaba loco de amor..."
-Uh...el proceso creativo es duro- Se dijo así mismo en voz alta.

Leonardo era un joven escritor veintiañero, cumplía sin querer, con el estereotipo del artista que padece por su arte. Vivía sólo en un pequeño departamento en el último piso de un viejo edificio, contaba con los muebles básicos y comía poco; trabajaba en el área de archivo de una oficina gubernamental cercana a su edificio. El soñaba (como muchos) en crear una maravillosa novela que encatara a su país y lo hiciera famoso y estable económicamente. Precisamente, el no buscaba fortuna ilimitada, buscaba reconocimiento, palabras de aliento que su padre jamás había pronunciado, su madre de tipo más sumiso tenía dudas, sin embargo lo apoyaba, y gracias a ese pequeñito respaldo, fue que se animó a salir de su pequeña ciudad e instalarse en la gran capital.

"Gjdjdkkaaisidbbkeejhabalejandroycriszzkjhh"
-Cero inspiración esta noche, ya me voy a dormir- se dirigió a su incomodo pero útil catre.

Se recosto y empezó a soñar con lugares extraños y rostros desconocidos, todo era una confusión. 


domingo, 19 de mayo de 2013

El banquete de los solitarios

-Capítulo 12-

Ya era de noche, por una pequeña ventana de la habitación entraban unos débiles rayos de luna. 

Esteban abrió los ojos, se encontraba amarrado a un silla de madera, no sabía cuánto tiempo había pasado, cuánto había durado inconsciente, el cuarto estaba en penumbra, unas cuantas velas iluminaban los rincones. Aún no comprendía que había sucedido, estaba confundido, y la cabeza le dolía demasiado. 
Más al rato entraron el par de primos, lo miraron y uno de ellos le dijo:
-Primo, primoo...¿sabes? estuvimos meditando un poco la situación, estamos casi seguros que nos traerás problemas no te podemos dejar ir- puntualizó Fernando.
-¿De que hablas??- respondió Esteban aturdido.
-¡Tú sabes, los yacimientos, la mina que construiremos, el dinero que vale todo esto!!.-dijo Filemón irritado.
-No sé de que hablan, yo ya me iba...yo...-.
-¡Callá!!-gritó Fernando, mientras tomaba de un rincón apartado un rifle, y lo apuntaba directamente al pecho del joven.

-¡Nooo, espera!! Imploró Esteban.
En el instante que iba a apretar el gatillo, se escuchó un grito profundo, Filemón cayó al suelo.

Fernando giró la cabeza, solo divisó una silueta pequeña y borrosa, que se abalanzó hacía él con un hacha. De dos movimiento le lastimó el brazo derecho (ocasionando que tirará el arma), y el segundo fue directo a su vientre.

Era Florencia, estaba preocupada por la ausencia de Esteban durante todo el día, al entrar a la casa fue con cautela, pensó lo peor, por lo cuál había tomado la herramienta del patio trasero.

Liberó a Esteban, y huyeron rápidamente tomados de la mano, mientras que la pareja de sujetos yacía desangrada en el suelo.

Al salir de la casa, en medio de tanta exhaltación, Esteban por fin pudo mirar a la cara a Florencia. La miró con una gran sonrisa de agradecimiento,la cual desapareció al ver la situación.
La vió muy lastimada, tenía toda la cara un tanto hinchada por golpes, varios moretones bien marcados, sobre todo en el ojo y pómulo derecho.

Esteban estaba aún más consternado ¿qué había pasado?, ¿por qué Florencia estaba así?, ¡¿Quién la agredió?!, ¡¿por qué?!, todas esa preguntas recorrían su cabeza a la vez.