En esta hermosa mañana lluviosa del martes de mi primera entrada voy a hablar de un tema que es por demás conocido en esta época del año: los propósitos de año nuevo.
Desde tiempos inmemorables las personas se plantean propósitos al iniciar cada año tales como hacer ejercicio, bajar de peso, dejar de fumar/beber, ahorrar, viajar, formar una familia y más propósitos más o menos populares y trillados que estos.
Queda más que claro que los propósitos del año nuevo tienen como fin hacernos mejores como personas, lograr metas y objetivos que nos llenarán de orgullo y felicidad o que incluso mejorarán nuestra calidad de vida. Sí, está más que bien querer ser mejores en todos los sentidos de nuestras vidas pero ¿por qué empezar a hacerlo a partir de año nuevo? ¿o porqué esperar hasta que llegue el año nuevo para plantearnos nuestras metas? ¿Porqué esperar? ¿es solamente para decir que llevamos un año trabajando en nuestro objetivo?.
Ya sé que esto se escucha muy Zen. Ya sé que todo esto se dice fácil. Ya sé que soñar no cuesta nada. Ya sé que todo conlleva gran esfuerzo y un sin número de sacrificios, pero quiero que recuerdes que sí se puede lograr todo, ¿cómo? Comenzando con metas pequeñas, alcanzables a pequeño o mediano plazo que poco a poco te puedan ir acercando a la meta que quieres. Ahorra, practica un ejercicio o disciplina que realmente te guste, haz a un lado la comida que te hace daño, envía ese currículum que tanto trabajo te ha costado formar, apóyate en amigos y familiares para que te mantengas motivado, etc. y no te rindas nunca, jamás, ni cuando el trayecto se ponga más complicado, ni cuando sientas que no tiene caso seguir porque es cuando más fuerza se debe tener. Verás que al pasar ese obstáculo y ver hacia atrás te darás cuenta que todo ha valido la pena (incluyendo lo más pesado, lo más horrible del camino)…y reirás, ¡ja! Créeme, lo digo por experiencia.
Todo es cuestión de decidirse a empezar y con qué empezar; de dejarse de cuestionamientos tontos y sin sentido, de deshacerse del miedo y gritarle a la desidia “¡Sal de mi vida, estúpida!” y luego, ya por fin, dar el primer paso.
Hoy hace una semana empezó el 2013. Nos quedan 357 oportunidades y yo ya las estoy tomando.
Saki