Y aquí estoy de frente al viento, suave y delicada.
Mi vida de divide en hojas de calendario que se cortan una a la vez. En temporadas donde mi esplendor se transforma.
Para mi, la primavera representa un resurgir, el empezar de nuevo, florecer sin medida, florecer enfundada en mi vestido más colorido y alegre.
Como yo hay muchas en el mundo, de cierto modo...es cierto.
Pero ninguna tiene mis deseos de crecer, de cambiar, de entregar calidez y bienestar durante este paso tenue por la tierra.
Yo quiero resaltar ser diferente, mantenerme especial, ser la más admirada y bella de todas.
Deseo atraer los ojos de un solo ser, de mi gran único amor, del que es mi sol y luna; de aquel que es mi rey y verdugo.
El cual celo sin ningún control en ocasiones, pues en el jardín de los susurros, los reflejos, el brillo y los colores son exagerados.
Aún así, mi acompañante es comprensivo y alimenta mi corazón cada vez que sea necesario.
Ese ente maravilloso que es mi todo, con el que contemplo estrellas fugaces, y soy feliz de más.
Soy esa flor que ama y necesita ser amada, que si me arrancas de mi suelo, será con fuertes palabras y tratos insensibles, no sé si podré recobrarme.
Necesito de esa energía vital que es tu voz, tu aroma, tu tacto, pero sobretodo tu querer.
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sábado, 22 de marzo de 2014
lunes, 22 de julio de 2013
- Cuentitos para la tarde 1 -
La pequeña niña con botas de lluvia
Era un día fresco, y la lluvia era inmenente.
El cielo era una nítida pintura, un cielo limpio y azul,
con nubes blancas como la espuma y otras grises como las cenizas, todas mezcladas.
Una pequeña caminaba apresurada sobre la banqueta empedrada, ataviada en un impermiable rosa, con unas botas que hacían juego.
Una lindas botas plastificadas, suaves al tacto, y firmes ante los pequeños arroyos que se formaban en días muy lluviosos.
Ese día nublado, iba camino a su hogar, con un papel largo enrollado en la mano, como un poster. Caminaba apresurada pues temía que un aguacero le cayera por sorpresa.
La niña pasó frente a un colorido jardín, que desbordaba en suavidad y belleza, pues cada una de sus flores adornaba en forma singular el espacio. Un pequeña margarita amarilla despertó de su sueño, abrió sus ojitos de par en par, bostezó un poco, y la miró; tenía que hablarle, quería hacerlo, ella nunca había cruzado palabra con un humano, pero hoy era un día distinto. Tomó todas las fuerzas de su delicado tallo, y gritó:
-¡Niña, niiiiña!!...¡sí, la de las botas de lluvia!!-
La niña escuchó un voz delicada, aguda, y "diminuta", así que se detuvo.
-¡Aquí abajo!!- replicó la linda florecilla.
La niña estaba de pie frente al jardín, mirando a todas direcciones y cuando levantó la vista al cielo...
Sintió en su nariz la humedad certera de una gota de lluvia, así que salió corriendo de inmediato, sin localizar de donde provenía esa pequeña voz.
La margarita suspiró.
Mañana será otro día, se dijo así misma, y cerró sus ojitos.
*Fin*
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