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miércoles, 28 de mayo de 2014
Lo que dicen tus ojos
Hay miradas que matan y otras que enamoran. Algunas veces, una mirada puede penetrarnos hasta el fondo del alma, y otras suele fulminarnos en segundos. No hay una parte del cuerpo que tenga mayor carga emocional que los ojos. Ellos delatan nuestro cansancio o tristeza, descubren nuestra alegría y suelen decir más de lo que las palabras pueden hacerlo.
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sábado, 22 de marzo de 2014
Carta de una Flor
Y aquí estoy de frente al viento, suave y delicada.
Mi vida de divide en hojas de calendario que se cortan una a la vez. En temporadas donde mi esplendor se transforma.
Para mi, la primavera representa un resurgir, el empezar de nuevo, florecer sin medida, florecer enfundada en mi vestido más colorido y alegre.
Como yo hay muchas en el mundo, de cierto modo...es cierto.
Pero ninguna tiene mis deseos de crecer, de cambiar, de entregar calidez y bienestar durante este paso tenue por la tierra.
Yo quiero resaltar ser diferente, mantenerme especial, ser la más admirada y bella de todas.
Deseo atraer los ojos de un solo ser, de mi gran único amor, del que es mi sol y luna; de aquel que es mi rey y verdugo.
El cual celo sin ningún control en ocasiones, pues en el jardín de los susurros, los reflejos, el brillo y los colores son exagerados.
Aún así, mi acompañante es comprensivo y alimenta mi corazón cada vez que sea necesario.
Ese ente maravilloso que es mi todo, con el que contemplo estrellas fugaces, y soy feliz de más.
Soy esa flor que ama y necesita ser amada, que si me arrancas de mi suelo, será con fuertes palabras y tratos insensibles, no sé si podré recobrarme.
Necesito de esa energía vital que es tu voz, tu aroma, tu tacto, pero sobretodo tu querer.
Mi vida de divide en hojas de calendario que se cortan una a la vez. En temporadas donde mi esplendor se transforma.
Para mi, la primavera representa un resurgir, el empezar de nuevo, florecer sin medida, florecer enfundada en mi vestido más colorido y alegre.
Como yo hay muchas en el mundo, de cierto modo...es cierto.
Pero ninguna tiene mis deseos de crecer, de cambiar, de entregar calidez y bienestar durante este paso tenue por la tierra.
Yo quiero resaltar ser diferente, mantenerme especial, ser la más admirada y bella de todas.
Deseo atraer los ojos de un solo ser, de mi gran único amor, del que es mi sol y luna; de aquel que es mi rey y verdugo.
El cual celo sin ningún control en ocasiones, pues en el jardín de los susurros, los reflejos, el brillo y los colores son exagerados.
Aún así, mi acompañante es comprensivo y alimenta mi corazón cada vez que sea necesario.
Ese ente maravilloso que es mi todo, con el que contemplo estrellas fugaces, y soy feliz de más.
Soy esa flor que ama y necesita ser amada, que si me arrancas de mi suelo, será con fuertes palabras y tratos insensibles, no sé si podré recobrarme.
Necesito de esa energía vital que es tu voz, tu aroma, tu tacto, pero sobretodo tu querer.
sábado, 5 de octubre de 2013
- Cuentitos para la tarde 6 -
El lavaplatos.
Gustav era el lavaplatos de una reconocida fonda en Brujas. El se limitaba a lavar todo utensilio que colocarán en el fregadero, jamás hablaba con nadie, el sólo lavaba y lavaba.
Una noche terminando su jornada, salió por la puerta trasera acostumbrada hacía el húmedo callejón empedrado, la noche era fresca y el viento soplaba apacible.
Caminaba solitario y en silencio, cuando vio pasar frente a sus ojos una chispa azul celeste, se asustó y echó para atrás, ¿que era ese destello flotantes? pensó. Después lo notó bien, era un hada, una pequeña criatura con orejas puntiagudas, y alas iluminadas similares a la de una libélula. Se miraron metículosamente, ella no emitió ni un sonido, le revoloteó unos segundos más. Para finalmente tocarle la nariz y desaparecer. Desconcertado, se fue a su casa, no sabía que pensar.
Al día siguiente, llegó a su trabajo puntual como siempre, y bien decidido a olvidar el extraño acontecimiento de la noche anterior. Le llegó la primera tanda de platos y al tomar el primero este se convirtió en oro, Gustav no daba crédito a lo que veían sus ojos, de simple loza a oro intenso. Tomó otro plato, un tenedor, y una taza...dando el mismo resultado. Todo traste que tomaba, lo convertía en oro cual Midas. Sus compañeros estaban maravillados, como era posible ese acto, ese don. El joven reconoció la realidad y poder del ser mágico que se topó en su camino. Empezó a tocar cada pieza, o mueble en la cocina como un loco,mientras daba saltos de alegría. todo a su alrededor empezó a tener una incandescencia dorada sin igual. Incluso tocó a las personas presentes (daba igual, nunca le hablaban...) la comida, ollas, sartenes, el piso...empezó a carcajearse fuertemente, cuando repentinamente...
¡Despertó!...se quedó dormido sobre el fregadero, y por supuesto nadie tuvo la amabilidad de despertarlo. Sólo vio frente a su rostro torres y más torres de platos y cacerolas.
-FIN-
domingo, 14 de abril de 2013
El banquete de los solitarios
-Capítulo 7-
Esteban figuraba como único heredero de todas las pertenencias de su tío. Si bien no había testamento, el papeleo se podría arreglar en unos días.
Era su primer día en el pueblo, llegó en la madrugada y toda la mañana la dedicó a recorrer la casa, al día siguiente acudiría con las autoridades correspondientes para dejar todo en regla.
Caminando por la plaza, mientras comía un helado de agua sabor limón, apreciaba el paisaje y la comunidad. después de dar una vuelta completa, divisó una banca debajo de un durazno en flor. Tomo asiento, y como era su costumbre se ensimismo, perdiendose en sus pensamientos, planes y pendientes; sin percartarse que una persona se había sentado al otro extremo de la banca.
Era una chica de no más de veinte años, de baja estatura, de complexión muy delgada, exquisita, tez morena, con unos bellos ojos grandes color avellana, enmarcados con dos cejas gruesas, bellos rostro.
De hecho pasaron varios minutos hasta que Esteban sintió la mirada. Se sorprendió un poco, y sonrió tímidamente, y ella le brindó una cálida y dulce sonrisa.
Ella fue la primera en hablar -Hola, mi nombre es Florencia, y ¿cuál es él tuyo?-
El estaba un poco extrañado, pensó -una joven mujer, una extraña llega de la nada y me saca plática...bueno, nada malo tiene que suceder-
Le dijo su nombre y empezaron a hablar de trivialidades. Después de una hora se despiedieron cordialmente.
Al día siguiente después de acudir a resolver su pendiente burocrático, regreso al mismo lugar en la plaza, sin quedar en nada previamente se volvieron a encontrar los dos. Y comenzaron una nueva conversación.
Esteban duró una semana en el pueblo donde vivía su tío, desde su primer encuentro hasta el último día los muchachos se vieron cada día. Algo especial crecía en el corazón de ambos.
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